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29
Ago 2011
La Mujer, en la Construcción de un Nuevo Modelo de Nación
Escrito por Beatriz Pagés
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Hay un viejo adagio chino que dice: “Es mejor tener cisnes que hijas”

 

Y hay también una antigua y conocida moraleja japonesa que describe las buenas costumbres –léase esclavitud- de la siguiente manera: “La mujer debe obedecer a su padre en la juventud; a su marido en la madurez y a su hijo en la vejez”

 

 Y también hay chistes muy mexicanos que denuncian la sobrevivencia de una cultura discriminatoria al parecer insuperable. Dicen los libros de humor: “¿Por qué los huracanes en su mayoría tienen nombres de mujeres? Porque cuando se van, se llevan el coche, la casa y tu dinero?

 

 

Recientemente leí una pequeña novela que se llama “la Piedra de la Paciencia” del escritor afgano Atiq Rahimi. En la mitología persa esa piedra es conocida como “sangue sabur” y se trata de una piedra mágica a la que le cuenta uno sus desdichas y todo aquello que no se atreve a decirle a los demás. De acuerdo a la tradición, llega un momento en que la piedra revienta y cuando revienta uno se siente liberado.

 

El autor de ese libro, utiliza como pretexto ese símbolo para relatar la historia de una mujer árabe que pasa las horas, los días, las noches, las semanas y los meses postrada de hinojos ante el cuerpo de su esposo en estado vegetativo, victima de una bala que se le alojó en la nuca.

 

Ella, le reza a Alá para que devuelva la salud a su pareja, pero el cansancio y el hastío la llevan a confesarle al esposo que, aparentemente no siente ni escucha nada, como si fuera precisamente esa piedra, lo frustrante que ha sido la vida a lado de él.

 

 

Un buen día, harta de rezar se para frente a la ventana y siente de pronto que alguien la toma por los hombros. Es su esposo que ha despertado y que, sin duda, la ha escuchado, porque la toma de la cabeza y le rompe el cuello. Es decir, la piedra, como manda la leyenda, reventó.

 

Hago esta introducción, un tanto cuanto literaria, para decir que sobrevive, aún en el Nuevo Milenio, un sistema, estructuras que atentan contra el desarrollo y superación de la mujer.

 

Y que nosotras mismas somos, en múltiples casos, coautoras de ese famoso “techo de cristal” que no podemos romper.

 

 

 

Es importante hablar de esto ahora –y por ello agradezco la oportunidad de estar entre ustedes- porque dentro del nuevo modelo de país que necesitamos construir, la mujer mexicana tiene que ser protagonista de esa gran transformación nacional.

 

Más aún, diría que una de las grandes revoluciones institucionales que necesita llevar a cabo México, es la Revolución de la Mujer.

 

Hago una muy breve síntesis de la realidad actual para ubicarnos y precisar las razones que nos llevan a exigir un cambio nacional.

 

Quien llegue a Los Pinos en 2012 llegará en medio de la “Tormenta Perfecta”: la nacional y la internacional. Tendrá que enfrentar el derrumbe final del neoliberalismo, del Orden Económico Mundial establecido, el debilitamiento del imperio norteamericano y tal vez la desaparición del dólar como divisa internacional; y, al mismo tiempo, la muerte del viejo andamiaje político, económico y social mexicano.

 

El país, llegará al 2012 con las instituciones rotas, con índices históricos de estancamiento y pobreza; seguramente con más de 100 mil muertos producto de la violencia que ha generado el narcotráfico, con miles de desplazados, con vastas regiones en poder de la criminalidad y con más de 55 millones de mexicanos marcados, de múltiples maneras, por la pobreza.

 

Hace falta entonces, comenzar a construir un Nuevo Proyecto de Desarrollo. ¿A partir de qué? ¿O inspirado en qué? Me parece que a partir de la justicia social.

 

A partir de una política económica pensada para la modernización y el progreso, pero donde la justicia social, en todas sus expresiones y manifestaciones, sea el corazón, la causa, el fin de todas y cada una de las grandes decisiones.

Las mujeres tenemos que colocarnos al frente de la construcción de un Nuevo Modelo de Nación más justo y democrático. ¿Por qué? Porque al hacerlo reinventamos al país y nos reivindicamos a nosotras mismas.

 

Porque México ocupa –según el Foro Económico Mundial- el lugar 75 en materia de equidad de género. Uno de los más bajos en participación femenina, lo mismo en economía que en política; con pobres niveles en educación, empleo, salario y oportunidades de diferente tipo.

 

La equidad de género se ha convertido en una herramientas para conocer el grado de desarrollo de un país. De acuerdo a las más modernas mediciones: a mayor equidad de género mayor crecimiento de las naciones.

 

 

 

El número 75 nos indica que México es uno de los lugares con menos equidad de género y con un Producto Interno Bruto de los más bajos de la región.

 

En Somalia, por ejemplo, donde según el último reporte de UNICEF están a punto de morir 780 mil niños como consecuencia de la peor crisis alimentaria, es un país donde a la mujer no se le reconoce ningún derecho. Es uno de los reductos donde, todavía se practica la mutilación genital femenina.

 

Pero qué significa eso de tenernos que colocar al frente de la construcción de un Nuevo Modelo de Nación más justo y democrático.

 

 

A diferencia de los hombres, creo que las mujeres nacemos con alas. El ex presidente de Brasil, Lula da Silva, encabezó la transformación de su país pidiendo a los brasileños que soñaran. “No tengamos miedo, les dijo, repensemos, reinventemos Brasil”

 

Y creo que ha llegado la hora de repensar y de reinventar a México y que nosotras las mujeres, por tener alas, por saber soñar y fantasear debemos alzar el vuelo para edificar un país diferente, donde, entre otras cosas, la globalización tenga una buena dosis de soberanía.

 

Ante un mundo que se derrumba, ante un sistema económico financiero internacional que ha entrado nuevamente en crisis, como consecuencia de su fracaso, países como México tienen que buscar la forma de garantizar su seguridad interna.

 

 

Las empresarias tenemos que ponernos al frente de la reconstrucción de la cadena productiva nacional. Si mañana desayunáramos en algún restaurante comeríamos una mermelada hecha en Suiza y una mantequilla fabricada en Australia. Alguien me diría que eso es parte de la globalización. Yo digo que es parte de la estupidez.

 

¿Cuántos empleos nuevos no podrían crearse si se integraran los eslabones de la cadena productiva?

 

Empleos y productividad como sustento de una economía sólida y no –como hoy sucede- meramente especulativa.

 

No creo-como recientemente señaló un funcionario de la Secretaría de Educación Pública- que el futuro de México deba estar en la informalidad de los “changarros”.

 

Aunque, claro, siempre es más fácil gobernar cuando se tiene mentalidad de changarro a cuando se tiene mentalidad de estadista.

 

 

La mujer puede ser una locomotora contra la cultura de la ilegalidad; contra las adicciones y los valores de la muerte. Puede sembrar en la mente y en el alma de cada hijo el sentido de la mexicanidad.

 

Nadie, mejor que una mujer, para recuperar el sentido de Patria. Todos esos niños y jóvenes sicarios, enrolados en las filas del narcotráfico, son como son y matan como matan porque –además de su pobreza- sienten que no pertenecen a nada.

 

Las empresarias estamos en condiciones de llevar a cabo una gran cruzada nacional lo mismo en las fábricas, que en las oficinas, en los comercios, en la calle y en las plazas públicas a favor de la reconstrucción de los valores nacionales, éticos, cívicos y familiares.

 

 

En alguna ocasión me invitaron a dar una conferencia sobre “Mujeres Exitosas” a una importante industria automotriz. La primera pregunta que me hice es si de verdad las mujeres ya somos exitosas.

 

Un estudio publicado por la Organización de Naciones Unidas señala de manera contundente que “la mujer ha ganado prestigio, pero no poder”. Y es cierto, hoy somos gerentes, directoras, diputadas, senadoras, rara vez gobernadoras, pero el poder político, económico no lo tenemos. Lo que tenemos es una ilusión.

 

Es importante destacar esto porque si nos queremos colocar a la vanguardia del cambio mexicano necesitamos otro tipo de mujer. Una ciudadana en el sentido más universal y completo del término.

 

Y para ello, se requiere que los futuros gobiernos conciban la equidad de género como una política de Estado.

 

Ya no queremos ser una mera fotografía el Día Internacional de la Mujer, queremos ser sujetos pensantes y actuantes. Queremos ser líderes.

 

Para ello, se requiere que el próximo Presidente de México lleve a cabo una Revolución Rosa a través de la educación.

 

 

Necesitamos de un sistema educativo que haga de la mujer una profesionista calificada y competitiva.

 

Me voy a referir –como periodista- a una sola de las áreas que tienen que ver con la educación y necesitan transformarse: los medios de comunicación.

 

Mientras los medios nos sigan encasillando en los roles y estereotipos tradicionales seguiremos siendo para nosotras mismas y para los demás un ser humano de segunda categoría.

 

Se atenta contra los derechos humanos de la mujer no solo cuando es golpeada o asesinada . También cuando se le estereotipa y culturalmente se le aniquila.

 

Las pantallas de televisión y las llamadas revistas del corazón nos siguen condenando a no poder

superar el estatus de esposas sumisas o de amantes frívolas.

 

Ya no queremos ser eso. Es urgente e inaplazable que se construya un arquetipo progresista de la mujer mexicana.

 

Lo necesitamos para formar y ser parte de la transformación del país. Lo necesitamos para rescatar a México de la cultura de la muerte, de la parálisis, de la corrupción, de la pobreza.

 

 

 

Lo necesitamos porque las mujeres –como México- somos Luna y somos águila. Y al águila tenemos que desatarle las alas para junto con México volverla echar a volar. MUCHAS GRACIAS.

 

 

Beatriz Pagés es periodista, Directora General de la Revista Siempre www.siempre.mx

Ponencia impartida en el marco del Congreso Nacional de Mujeres Empresarias, en Toluca, Estado de México.